25 oct. 2010

Vomitiva.

Faltaban tres cuadras para que el 136 llegara a la plaza de Marcos Paz cuando los ojos de la escasa tripulación herense que había emprendido viaje conmigo se posaron escandalosamente sobre mi figura así como también -y especialmente- sobre mi parto oral: un círculo gigante compuesto por lo que horas atrás había sido una sopa de fideos mal digerida, yacía en el piso del pasillo, obstruyendo el paso.

La vergüenza me azotó ferozmente, por lo que decidí no mirar a nadie; me puse de pie, avancé hacia la puerta delantera del colectivo -que ya estaba en la plaza- como si nada, y me bajé del mismo, haciéndome la pelotuda.

En cuestión de minutos, ya me encontraba arriba de otro 136, rumbo a Primera Junta. Cuando el bondi estaba llegando a la plaza de Merlo, rodeado por una cantidad considerable de vehículos que colapsaban el tránsito y esperando a que el semáforo se pusiera en verde, un nuevo impulso vomitivo me sacudió: abrí la ventanilla, saqué la cabeza afuera, y contemplé cómo el resto de mi sopa de fideos cubría por completo el vidrio delantero de un coche que estaba pegoteado al colectivo.

Si bien pasaron tres años de éste célebre vómito, seguramente, el conductor de dicho vehículo todavía estará odiándome.

5 oct. 2010

Ebrio despechado a bordo del bondi.

Domingo 26/09/2010. 03:00 HS aproximadamente. Después de esperarlo durante veinte minutos aproximadamente, me subí al 8 (ex-86) en Primera Junta; en vista de que todos los asientos se encontraban ocupados, permanecí de pie junto a un grupo conformado por tres flacos que bebían Fernet apoyando la comisura de sus labios sobre el pico de una botella de Coca-Cola: la mezcla emanaba un aroma estupendo que deleitaba mi olfato.

- Es una hija de puta, no puede hacerme esto, es una hija de re-mil putas- decía uno de los chabones, en un evidente estado de ebriedad.- La odio, te juro que la odio, la voy a cagar a trompadas; ahora no porque estoy en pedo y no me importa nada, pero mañana le voy a decir de todo, la voy a cagar a puteadas y le voy a romper la cara por hija de puta; es una hija de puta, no puede haberme dicho eso.

Sus acompañantes no emitían sonido alguno, limitándose exclusivamente a beber, mientras el tercero continuaba con su monólogo, el cual se tornó sumamente rutinario debido a la repetición constante de las mismas consignas.

- La odio, te juro que la odio; es una hija de puta, viste lo que me hizo? No puede hacerme eso, y lo que me dijo! La odio con toda mi alma, ojalá que se muera.- y le propinó un puñetazo a uno de los caños verticales pintados de amarillo que conectan el piso del bondi con el techo del mismo, atravesando el espacio vacío que los separa.
- Parááááá, che! Tranquilizate, loco! Tampoco es para tanto.
- ¡¿Pero no viste lo que me hizo?! ¡Es una hija de re-mil putas!
- Sí, yo no digo que no haya estado mal con lo que te hizo, es una mierda lo que hizo, pero tampoco para que te pongas así.
- Tenés razón, pero es una hija de puta y la voy a cagar a palos.

Un silencio de varios segundos procedió al diálogo e, inmediatamente, el pibe se puso a llorar. Yo, que para ese entonces ya había podido apoyar mi culo en un asiento situado frente a la escena, de cara a la misma, estampé mi cara contra el vidrio de la ventana para evitar reírme, mientras el flaco se lamentaba en voz alta y prolongaba su llanto durante algunos minutos más.

- Ahora que estoy en pedo, te juro que no me importa nada!- gritó de súpeto, abandonando el llanto de forma repentina- No me importa nada, y al primero que venga a romperme las pelotas, lo voy a cagar a trompadas; a cualquiera que me joda, le voy a romper la cara. Y a esa hija de puta, mañana, cuando se me pase la borrachera, cuando esté lúcido, le voy a decir de todo, la voy a cagar a trompadas! Te juro que la voy a ir a buscar a la salida del laburo y la voy a cagar a palos por hija de puta!

Un grupo de chabones que estaba en el fondo, empezó a reírse.

- ¡¿De qué se ríen, la concha de la lora?! ¡¿Nunca les pasó a ustedes?! ¡¿Nunca se enamoraron de alguien que no se enamoró de ustedes?! ¡¿Eh, EH?! YO ESTOY MAL, PORQUE ME LASTIMARON, Y A USTEDES ALGÚN DÍA LES VA A PASAR, Y SE VAN A ACORDAR DE MÍ, GILES! ¡YA VAN A VER USTEDES CUANDO LES PASE! ¡VAN A SUFRIR COMO ESTOY SUFRIENDO YO!- yo ya no sabía qué carajo hacer para disimular gestualmente mis ganas incontenibles de cagarme de risa, algo de lo que no se privaban los flacos del fondo, que seguían riéndose- ¡YO ESTOY SUFRIENDO PORQUE UNA FLOR ME LASTIMÓ! ¡SE VINO LA PRIMAVERA, Y UNA FLOR ME LASTIMÓ!

Ahí se fue a la mierda... Yo no aguantaba más, quería empezar a reírme con todo.

- ¡PORQUE LAS FLORES LASTIMAN! ¡SON TODAS UNA MIERDA LAS FLORES, COMO ÉSTA HIJA DE PUTA, SON TODAS UNAS HIJAS DE RE-MIL PUTA’!

- Che, la boca!- gritó el colectivero desde su asiento.
- ¡¿Qué te pasa a vos?!- lo desafió el chabón.
- ¡La boca, loco! ¡Ojo con lo que decís!
- ¡Yo digo lo que quiero! ¡Estoy descargando lo que me pasa!
- ¡Pero estás arriba de un colectivo donde viaja más gente además de vos, y viaja gente mayor, respetá a la gente mayor!
- ¡Yo no insulté a nadie! ¡Yo estoy diciendo solamente lo que me pasa, cómo me siento!
- ¡Decí lo que quieras, pero no malas palabras: respetá a la gente mayor que está acá arriba!
- ¡Yo no le estoy faltando el respeto a nadie, pelotudo!

El colectivero frenó, y se puso de pie.

- ¡Vení, loco, vení!

Los amigos trataban de calmarlo, mientras el colectivero avanzaba hacia él.

- Mirá, flaco: estás en un colectivo, así que cuidá la boca, acá viaja gente mayor también; y si no te gusta, te bajás- le espetó el conductor.

Los amigos le decían que se dejara de joder, y le aseguraban al colectivero que iban a callarlo. Una vez que se reinició el viaje, hubo un momento de silencio, sin embargo, el litigio no tardó mucho en volver a estallar.

- ¡Pelotudo de mierda, que venga! ¡¿Qué se cree, qué me va a callar a mí?! ¡No me importa a nada, lo voy a cagar a trompadas! ¡PELOTUDO!

Nuevamente, el colectivero frenó, dirigiéndose otra vez hacia donde se encontraba el borracho escandaloso.

- Nos bajamos, nos bajamos- le decía uno de los amigos.

En cuestión de segundos, se abrieron las puertas centrales del bondi, y los tres flacos se bajaron del mismo, el ebrio despechado siendo arrastrado a la fuerza por sus dos acompañantes, y a los gritos.

- ¡TE VOY A CAGAR A PALOS!- amenazaba al colectivero- ¡VENÍ, HIJO DE PUTA, VENÍÍÍÍÍ!

Inmediatamente, las puertas se cerraron, y el conductor regresó a su asiento. Acto seguido, y escasos segundos antes de que arrancara el colectivo, el 75% de los pasajeros que continuaban su viaje hacia el centro porteño abrieron las ventanillas y comenzaron a gritarle al borracho escandaloso –que permanecía de pie sobre la vereda escoltado por sus amigos- a través de las mismas.

- ¡BOLUUUDOOO!
- ¡PELOTUUUDOOO!
- ¡CORNUUUUUDOOOOO!

Ahí no aguanté más, y me dí el gusto de irrumpir en carcajadas.

Al finalizar las risas generalizadas, el silencio volvió a apoderarse de la tripulación.

- Yo tengo al novio de mi señora en casa, y no digo nada- sentenció el colectivero.

25 sept. 2010

Pequeña lesbi en potencia.

Cuando era pequeña e inocente, iba a un jardín de infantes llamado Santa Rafaela María, perteneciente al colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, ubicado en la ciudad de Ituzaingó, en el partido de homónimo de la provincia de Buenos Aires.

Corría el año 1993, yo tenía cuatro años y me encontraba en salita amarilla. Una tarde, estábamos todos sentados en ronda dentro del salón, y la maestra -que se llamaba Verónica Villar- había lanzado una consigna general a la que todas las chicas debíamos responder en voz alta, una por una, llegado nuestro turno. Dicha pregunta, de corte indudablemente católico, era, nada más y nada menos, con quién íbamos a casarnos, en un vano intento de imponernos, ya de chiquitos, el modelo de familia católico y la idea de matrimonio, además de una concepción retrógrada de la sexualidad.

Una por una, mis compañeritas pronunciaban en voz alta el nombre del compañerito con el que pretendían contraer matrimonio en un futuro -por aquel entonces- bastante lejano. A medida que la ronda avanzaba, el stock de mini-hombres disponible se iba agotando; cuando llegó mi turno, ya no quedaba ningún compañero soltero para que pudiese casarme con él.

- Vos con quién te vas a casar?
- Yo me voy a casar con Julia- contesté inocentemente, sin saber qué carajo era eso del casamiento.
- ¡NO TE PODÉS CASAR CON JULIA! ¡¿NO VES QUE ES UNA MUJER?!- me gritó la pelotuda de la maestra, como si mi respuesta fuese una aberración inconcebible.

La conclusión que saco de ésto es que la educación debería estar en manos del Estado, y no a cargo de empresas que la conciben como si fuera un bien de mercado que se compra y se vende, y encima tratan de inculcarte ideas afines a sus intereses económicos, políticos, sociales, culturales, etc., etc., etc... Sobre todo la educación infantil, que es la más delicada de todas, porque coloca los cimientos sobre los que uno comenzará a construir su cosmovisión, y en esa etapa de la vida uno todavía no está dotado de una mirada crítica; también es indispensable que controlen bien a quiénes dejan a cargo de los chicos: me parece una locura que nenes de cuatro años estén bajo la responsabilidad de mamertos homofóbicos y reaccionarios devenidos en una suerte (y muy mala) de educadores infantiles, que encima gritan de manera violenta a raíz de su insuperable intolerancia.

Por cierto... Julia estaba re-buena (?).

Posta, la verdad es que Julia era muy linda, y hoy, diecisiete años más tarde, la tengo como amiga en Facebook, y sigue siendo tan linda como cuando era pequeña (y el hermano ni te cuento...). Si me gustaran las mujeres, le daría (y si en tal caso ella me diese bola, claro).

24 sept. 2010

Regresando a estas tierras...

En vista de que mi página web permanecerá cerrada por tiempo indefinido, he decidido remontar éste pequeño diario que nunca utilicé; todavía no sé muy bien qué carajo voy a escribir acá, al menos en éste momento no se me ocurre nada medianamente interesante para rellenar un poco ésta primer entrada pedorra con la que pretendo presentar mi literatura chatarra en éste basural virtual. Aún así, espero que mi nuevo espacio dentro del universo cybernético sea del agrado de una gran parte de sus visitantes (seguramente, en su mayoría, pelotudos que entran porque no tienen nada más sugestivo que hacer), si es que habrá alguien lo suficientemente al pedo como para malgastar tiempo de su vida leyendo ésta porquería.

Y al que no le guste, que se vaya a la concha de su madre.